LAS EMOCIONES NO PUEDEN DIMITIR

Las expectativas no nos permiten vivir en libertad aceptando el curso de las cosas, ya que creemos que, por el hecho de desear algo en concreto, ya sea: aprobación, perfección o comodidad, tiene, obligatoriamente, que ocurrir. Pero, la realidad es que lo que tenga que suceder, va a suceder, estemos o no de acuerdo.

Las personas en muchas ocasiones pretendemos tomar el rol fantasioso de divinidad. Pensamos erróneamente con “deberías”, hacia nosotros mismos, los demás y la vida, en general. Nos decimos cosas como: “mi jefe debería tratarme bien y no gritarme”, “las cosas me deben salir bien siempre y con poco esfuerzo”.

Vivir con expectativas nos convierte en personas débiles a nivel emocional, ya que esperamos que las cosas sucedan tal y como deseamos y no siempre va a ser así. De hecho, en un porcentaje considerable de veces, la vida va a tomar un giro distinto del que esperábamos y no queda otra que aceptarlo con el mayor sosiego posible.

Si no nos entrenamos bien para soltar las expectativas y abrazar lo que viene, corremos el riesgo de sufrir considerablemente, de deprimirnos o de llenarnos de ansiedad. Cada cual elige qué es lo que prefiere, pues cada uno es dueño de su propio estado emocional.

La clave se encuentra en aprender la diferencia entre lo que es controlable y lo que no. ¿Qué me está limitando emocionalmente? Yo no puedo controlar el pensamiento, ni la actitud de los demás, tampoco las circunstancias del mundo y de la vida. Sin embargo, si puedo controlar la forma de relacionarme con esto, la forma de pensar sobre ello y de hacerle frente.

Cuando tratamos de controlar lo incontrolable, evidentemente, nos frustramos porque nunca va a ocurrir lo que queremos. Nuestro margen de actuación se reduce a que podemos hacer las cosas de la mejor manera que sabemos o actuar como mejor sepamos, pero eso no quiere decir que se nos vaya a recompensar, ni que todo vaya a ir conforme a nuestras expectativas y deseos. Vamos a quitarnos esta idea absurda de la mente y comencemos a aceptar la realidad.

La regla de oro es creer en nosotros mismos, animándonos en los momentos difíciles, premiarnos en los aparentes fracasos y sonreír  siempre que nos sintamos tristes.

No nos fallemos a nosotros mismos, somos nuestro principal valor y nuestro mejor compañero. Podemos superar que nuestras expectativas no se hagan realidad. Podemos asumir que habrá cosas que no podamos alcanzar, pero no podemos fallarnos en lo fundamental.

Aquí nuestro resumen para que lo puedas gestionar con optimismo.
  1. Observa tus emociones sin juicio.
  2. Aprende a identificarlas. Pon un nombre a tu emoción.
  3. Acepta. A lo que te resistes, persiste.
  4. Busca el aprendizaje de cada mal trago.
  5. Pregúntate a menudo ¿Cómo me siento? 
  6. Comienza con un "me siento" sin que te invada el juicio de valor.
  7. Descarta tener más frentes abiertos.
  8. Deja de esperar, salta a la acción.
  9. ¡Lo hacemos y luego vemos!

Comentarios

  1. Muy de acuerdo y útil Diego.
    La base de todo esto para mí es la escucha de tu diálogo interior, aceptarte y descubrir tu valor como persona.

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    Respuestas
    1. Gracias Clara por tu lectura y respuesta. Recuerda la importancia de expresarnos en primera persona (no en segunda, ni tercera) sino estamos desconectados de nosotros. Adelante, eres única!

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